Artículos hace 24 semanas

Septiembre, mes del testamento. Primera parte.

Publicado en el Diario de Chiapas el 02 de septiembre de 2018.

SEPTIEMBRE, MES DEL TESTAMENTO.

PRIMERA PARTE.

Manuel de Jesús Corado de Paz.

 

Mediante la campaña denominada SEPTIEMBRE, MES DEL TESTAMENTO, la Secretaría de Gobernación promueve el otorgamiento de testamentos, de manera particular de testamentos públicos abiertos pues son estos los que se otorgan ante notario, durante este mes los notarios de todo el país disminuyen sus honorarios, que se encuentran sujetos a un arancel, hasta en un 50% y, en muchos casos, amplían sus horarios de atención, contribuyendo con ello a una cultura de previsión, de certeza y de seguridad jurídica.

 

Pero, ¿qué es un testamento? Un testamento es (i) un acto jurídico unilateral, es decir, es una manifestación de voluntad que genera consecuencias que son trascendentes para el Derecho, en el que solamente interviene una voluntad, la del testador, quien otorga el testamento; (ii) personalísimo, lo que implica que este acto no puede otorgarse mediante representante o apoderado, aunado a que debe contener la voluntad de un solo individuo, por lo que no pueden otorgarse testamentos conjuntos, en los que intervengan dos o más individuos; (iii) revocable, puede modificarse en cualquier momento, sin embargo, existen cláusulas que no pueden modificarse, es decir, que son irrevocables, como el reconocimiento de un hijo (en este reconocimiento no podrá revelarse el nombre de la persona con quien fue habido, ni exponer ninguna circunstancia que permita su identificación); (iv) libre, porque no deben existir presiones sobre el testador, independientemente de su naturaleza, aunado a que su voluntad debe ser consciente e informada, lo que exige que el testador conozca las consecuencias y alcances del acto que está otorgando, esta característica también se relaciona con el principio de libre testamentificación, que nos permite disponer libremente de nuestro patrimonio, salvo que exista una obligación alimenticia, tratándose del hijo preterido, o en el caso del hijo póstumo, pues ante su omisión el testamento será válido pero inoficioso, es decir, deberá segregarse una porción de la masa hereditaria para cumplir con la obligación, mientras que tratándose del hijo póstumo, éste tendrá derecho a recibir la porción que le correspondería como heredero legítimo, a menos que el testador hubiere dispuesto otra cosa; y (v) solemne, porque si no se cumplen los requisitos que la ley exige el testamento no producirá sus efectos.

 

Además, para comprender de manera plena el alcance este acto, debemos señalar que mediante el testamento una persona capaz dispone de su patrimonio para después de su muerte.

 

La capacidad para otorgar testamento requiere que la persona tenga, por lo menos, dieciséis años y que disfrute de su cabal juicio, salvo que se trate de una persona que tenga intervalos de lucidez, escenario en el que el tutor o, en ausencia de éste, la familia deberán realizar una solicitud por escrito a juez competente, y éste nombrará dos peritos especialistas en la materia para que examinen al incapaz y emitan un dictamen sobre su estado; incluso la solicitud referida puede ser presentada por el propio incapaz, siempre que se acompañe de un dictamen médico que determine que se encuentra lúcido. En ambos casos, el juez deberá asistir al examen que se realice al incapaz y podrá formular las preguntas que considere convenientes. Si el resultado es favorable, además de las solemnidades que reviste un testamento público abierto, deberán firmar el instrumento los testigos, los médicos y el juez, asentándose al pie de éste que durante todo el acto de otorgamiento el testador conservó lucidez.

 

En lo tocante a su objeto, este acto puede contemplar los bienes, derechos, obligaciones y cargas, es decir, la parte activa y pasiva del patrimonio de un individuo, así como deberes que puede declarar o cumplir; mientras que, tratándose de sus efectos, éstos comenzarán a partir del fallecimiento del autor, es decir, antes de este hecho jurídico, quien otorga un testamento puede disponer libremente de su patrimonio.

 

En el testamento público abierto, que como señalamos es el que se otorga ante notario, el testador debe expresar de manera clara y terminante su voluntad y el notario debe redactarlo y leérselo en voz alta para que el testador manifieste si está de acuerdo, de ser así, ambos firmarán el instrumento que debe indicar el lugar, la fecha y la hora en que se haya otorgado y firmado, pues este acto debe otorgarse de manera ininterrumpida.

 

En ocasiones, además del testador y el notario, firmarán el instrumento los testigos, considerados con el carácter de instrumentales, o el intérprete; los testigos generalmente no son necesarios, salvo que el testador lo solicite o el notario lo requiera; o bien cuando el testador declare que no sabe o no puede firmar, en este caso uno de los testigos, además, firmará a su nombre y ruego, y el testador únicamente imprimirá su huella digital; y cuando el testador sea sordo o cuando éste sea ciego o no sepa o no pueda leer, en el primer caso si el testador no sabe o no puede leer, uno de los testigos lo leerá a su nombre; mientras que en el segundo escenario el testamento deberá leerse dos veces, una vez por notario y otra por uno de los testigos. La necesidad del intérprete se presentará cuando el testador ignore el idioma español, por lo que deberá escribir su disposición y el intérprete la traducirá, siendo ésta la que se asentará en el instrumento; sin embargo, si el testador no puede o no sabe escribir, será el intérprete quien lo redacte, y previa lectura al testador y aprobación de éste, se traducirá al español y se asentará en el instrumento.

 

Así pues, es el notario el encargado de velar porque se cumplan tales solemnidades, su omisión generará la pérdida de efectos del acto, previa declaración judicial, y además este fedatario será responsable de los daños y perjuicios que se causen.

 

Correo electrónico: coradodepaz.manuel@ciijus.org