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Un grito de libertad.

Publicado en el Diario de Chiapas el 16 de septiembre de 2018.

UN GRITO DE LIBERTAD.

Manuel de Jesús Corado de Paz.

 

Hoy conmemoramos el inicio de nuestra Independencia, punto de partida de nuestras ideas libertadoras. Hace 208 años el cura de Dolores, Don Miguel Hidalgo y Costilla entre vivas a Fernando VII, que había sido depuesto y encarcelado por Napoleón Bonaparte; a la Virgen de Guadalupe; y en contra del mal gobierno, representado por el Virrey Francisco Javier Venegas; inició nuestro movimiento independentista que habría de prolongarse once años, hasta el 27 de septiembre de 1821, cuando el Ejército Trigarante o de las Tres Garantías, hizo su entrada a la Ciudad de México.

 

Inicialmente la intención era reunir un congreso para gobernar el Virreinato de la Nueva España en nombre del rey Fernando VII, sin embargo, desde esa madrugada del 16 de septiembre de 1810 hasta la consumación de la Independencia, hombres y mujeres como Ignacio Allende, Josefa Ortiz de Domínguez, Juan e Ignacio Aldama, Leona Vicario, Ignacio López Rayón, José María Morelos y Pavón, Hermenegildo Galeana, Mariano Matamoros, Nicolás Bravo, Francisco Javier Mina, Guadalupe Victoria, y muchos más, hasta llegar a Vicente Guerrero y Agustín de Iturbide, coadyuvaron a fijar los cimientos de una gran Nación, nuestra Nación.

 

Más de dos siglos han transcurrido desde entonces, y nuestra historia ha transitado por etapas convulsas, en ocasiones frente a gobiernos extranjeros, pero en muchas otras frente a nosotros mismos, en luchas fratricidas.

 

El 15 de septiembre se ha convertido en una noche en la que el titular del ejecutivo (federal, estatal o municipal) lanza arengas a la multitud reunida en nuestras plazas principales, por convicción o como parte de acarreos masivos, para después dar paso a fuegos artificiales y espectáculos musicales, mientras que millones de mexicanos siguen la ceremonia desde sus casas o desde donde se encuentren, dentro del territorio nacional o fuera de éste, acompañados de familiares, amigos y por supuesto de antojitos y bebidas.

 

José Martí afirmó que: “Las Fiestas Patrias son necesarias y útiles. Los pueblos tienen necesidad de amar algo grande, de festejar algo sensible, su conciencia y creencias fundamentales, que no son otras, que las del propio terruño”.

 

Así, la celebración es parte importante de nuestra identidad, de sentirnos orgullosos de ser mexicanos, pero ese orgullo debe trascender a esa noche, y hacerse presente en nuestro día a día, desde cada una de nuestras trincheras, para ubicar a nuestro país, pero sobre todo a su gente, en el lugar que le corresponde.

 

México es un país con más de 120 millones de habitantes, con una ubicación geográfica privilegiada, pero que ha sido explotado desmesuradamente, un país en el que la ignorancia de un alto porcentaje de su población es un factor determinante de su propia sumisión, en el que la ambición desmedida del poder en todas las esferas, grandes o pequeñas, en lo privado o en lo público, en el círculo familiar o nacional es innegable.

 

Esta sinergia nos ha convertido en un pueblo adormecido, lacerado por la inseguridad, la corrupción, la impunidad y la desigualdad social. Un pueblo que en muchas ocasiones hace burla de sí mismo, que privilegia el individualismo y con un sentimiento de inferioridad.

 

John Kenneth Turner señalaba, refiriéndose al punto sustancial de la defensa de Porfirio Díaz, “que al mexicano hay que gobernarlo desde arriba, porque no es apto para la democracia; que hay que esclavizarlo en aras del progreso, puesto que no haría nada por sí mismo o por la humanidad si no se le obligase a hacerlo por medio del temor al látigo o al hambre; que debe ser esclavizado, porque no conoce nada mejor que la esclavitud; y que, de todos modos, en la esclavitud es feliz. Todo lo cual, en fin de cuentas, se resuelve en esta simple proposición: puesto que el mexicano está sojuzgado, se le debe mantener sojuzgado. Algunos vicios atribuidos al pueblo mexicano por esas mismas personas que declaran al gobernante de México el más sabio y el más santo en la faz de la tierra, son la pereza incurable, superstición infantil, imprevisión desenfrenada, estupidez ingénita, conservatismo inmutable, ignorancia impenetrable, indomable propensión al robo, embriaguez y cobardía”.

 

Esta fecha, en lo personal, es un anhelo de ser un hombre libre de todo yugo, independientemente de la forma que éste asuma: ignorancia, violencia, inseguridad, corrupción, impunidad, desigualdad social, por mencionar algunos. Un anhelo de unidad, fraternidad, justicia y equidad. Un recordatorio para no olvidar de dónde venimos y al mismo tiempo una directriz para encauzar nuestro futuro, pero sobre todo un incentivo para demostrar que México y los mexicanos somos más de lo que actualmente exteriorizamos, muchos lo han demostrado en diversos escenarios, es momento de evocar ese grito que comenzó a construir nuestra Nación, un grito de libertad.

 

 

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