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Septiembre, mes del testamento. Segunda parte.

Publicado en el Diario de Chiapas el 09 de septiembre de 2018.

SEPTIEMBRE, MES DEL TESTAMENTO.

SEGUNDA PARTE.

Manuel de Jesús Corado de Paz.

 

Una persona que otorga un testamento debe tener conocimiento de que en este acto puede designar a diversos sujetos, a saber: herederos, legatarios, albaceas, tutores testamentarios y curadores. Lo anterior en función de las circunstancias que se presenten y del sentido de su disposición, lo que deberá hacerle saber el notario en su labor asesora.

 

El heredero es quien adquirirá a título universal todo su patrimonio a su fallecimiento. Este sujeto deberá ser designado, preferentemente, por nombre y apellidos, y en caso de que el testador sepa de la existencia de homónimos, es decir, de personas que tengan el mismo nombre y apellidos, deberá proporcionar datos adicionales que permitan identificarlo. De igual forma, en caso de nombrar a más de un heredero, el testador deberá indicar la proporción que a cada uno le corresponderá de la masa hereditaria, de no indicarlo se entenderá que heredarán en partes iguales.

 

Por su parte, el legatario es quien adquirirá a título particular la prestación de una cosa o la de un hecho o servicio, es decir, puede tratarse de bienes corpóreos (cosas ciertas y determinadas), pensiones periódicas (alimentos o educación) o bienes incorpóreos (derecho de usufructo).

 

Por ejemplo, si deseo que mi casa sea para una persona determinada y que los demás bienes y derechos de los que sea propietario o titular se distribuyan, en partes iguales, entre mis hijos, el primero sería nombrado legatario y los segundos, herederos. Una práctica incorrecta al momento de nombrar herederos es señalar que “nombro como “universales” herederos a…”, lo anterior en virtud de que los herederos siempre serán a título universal, por lo que es suficiente con indicar “nombro como herederos a…”

 

En los dos casos anteriores, es decir, tratándose de herederos o legatarios, el testador puede, además, establecer sustitutos o, en su caso, la posibilidad de acrecer de los beneficiarios restantes, esto en el supuesto de que los nombrados fallecieren antes que él (premoriencia), de manera simultánea (conmoriencia), no quieran o no puedan aceptar la herencia o legado (incapacidades o indignidades). Lo anterior evitará que la porción correspondiente a quien se encuentre en alguno los supuestos referidos se transmita por medio de las reglas de la sucesión legítima, lo que implicaría una sucesión mixta.

 

El albacea es el administrador del patrimonio en liquidación, es decir, quien debe conservar, y en su caso acrecentar, el patrimonio del autor de la sucesión, así como defenderlo; y es quien una vez fallecido el testador deberá presentar el testamento, si lo tiene en su poder; asegurar los bienes de la herencia; formular el inventario y los avalúos; administrar los bienes hereditarios; rendir cuentas; defender la herencia y la validez del testamento; por mencionar solamente algunas de sus obligaciones. El cargo de albacea puede desempeñarse por una persona o varias, en este último caso el testador debe definir si el cargo, es decir, el albaceazgo se ejercerá de manera simultánea o sucesiva, es decir, si desea que el cargo sea desempeñado en forma colegiada, o si prefiere que sea uno después del otro, en caso de muerte, incapacidad, remoción o porque el primero designado no acepte. Cabe señalar que el cargo de albacea, por naturaleza, es oneroso, es decir, quien desempeñe este cargo tiene derecho a una retribución que puede ser fijada por el testador o, en ausencia de ello, por las reglas que haya determinado el legislador.

 

Cuando el testador tiene hijos menores de edad podrá nombrar en su testamento uno o varios tutores, para que cuiden de su persona y administren sus bienes, sin embargo, desempeñará el cargo el primero de los nombrados, salvo por muerte, incapacidad, excusa o remoción; aunado a que esta disposición solamente surtirá efectos si a su fallecimiento la persona que ejerza la patria potestad en su mismo grado (padre o madre, generalmente) ha fallecido de manera previa. Esta disposición también será aplicable tratándose del hijo póstumo, es decir, el que nace después de la muerte del testador. Es necesario señalar que el nombramiento de tutor testamentario excluye del ejercicio de la patria potestad a los abuelos.

 

Con motivo de lo anterior, el testador también podrá nombrar a uno o varios curadores, a efecto de que supervisen la conducta del tutor y eviten cualquier daño al incapaz, defendiendo sus intereses cuando estén en oposición con los del tutor.

 

Finalmente, es necesario hacer mención de las condiciones que el testador puede establecer en su testamento, en este sentido podemos dividir éstas en función de sus efectos, a saber: aquellas que son válidas (en términos generales el testador es libre para establecer condiciones, los límites deben estar fijados por la ley); las que anulan su institución y las que se tienen por no puestas.

 

Dentro de las condiciones que anulan su institución encontramos las imposibles, es decir, aquellas mediante las que el testador impone una condición imposible a un heredero o legatario, pues se infiere que no los quería nombrar como tales; así como las recíprocas o captatorias, que implican imponer al heredero o legatario que haga en su testamento alguna disposición en favor del testador o de otra persona.

 

Entre las que se tienen como no puestas están las negativas, es decir, las de no dar o no hacer, por ejemplo, la de no impugnar el testamento bajo pena de perder la calidad de heredero o legatario; así como las que impliquen tomar o dejar de tomar estado, por ejemplo, la que exija que el testador o legatario contraiga o no matrimonio, o en su caso que lo disuelva.

 

Hay escenarios que pueden plantearse en un testamento como suspender su ejecución, sin que esto implique impedir que el heredero o legatario adquiera derecho a la herencia o, en su caso, lo transmita mediante una cesión de derechos hereditarios, sea esta onerosa o gratuita; así como el legar el usufructo (uso y disfrute) de los bienes al cónyuge supérstite (que sobreviva) mientras no contraiga matrimonio o establezca una relación de concubinato.

 

Éstas son solamente algunas ideas que he considerado pertinente compartir con ustedes en estos dos primeros fines de semana del mes de septiembre, invitándolos a que acudan con su notario de confianza y otorguen su testamento, si bien es cierto este hecho no impedirá que existan inconformidades a su fallecimiento respecto de la distribución de su patrimonio; ni tampoco implicará una transmisión en automático de sus bienes y derechos, pues deberá seguirse un procedimiento sucesorio, ya sea en la vía judicial o ante notario; sí marcará una directriz que deberá seguirse y que, en función de la labor redactora del notario, permitirá que su voluntad trascienda a la muerte.

 

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